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Recolectan su aceituna al tiempo que asisten, resignados, a un nuevo y dramático derrumbe del precio de sus aceites en el mercado. Impotentes, constatan una vez más que su explotación está en pérdidas y no pueden hacer nada para remediarlo. Son los olivareros españoles, un colectivo castigado por una situación inexplicable, innecesaria y que se podría evitar porque, digan lo que digan, la bajada no viene impuesta por la demanda del consumidor… sin embargo cada año se repite

Captura de pantalla 2014-01-07 a la(s) 22.31.34Hemos escrito mucho de la gran paradoja que se da en la cadena de valor del aceite de oliva español donde, sobre el papel, no gana nadie y todos pierden. Pero tenemos que volver a hacerlo porque el escenario se repite una vez más y los daños vuelven a ser muy graves para el más debil de la clase: el agricultor.

Y realmente es así, caminamos hacia otro año en pérdidas y nadie hace nada, analizamos una y otra vez el porqué del inmovilismo del mercado hacia el abismo, la razón por la que asumimos un macabro equilibrio innecesario y nos preguntamos quien sale beneficiado de todo esto, y lo peor es que no encontramos a nadie… al menos expuesto a la luz. Pareciera como, sin darnos cuenta, estuviéramos embutidos en una situación absurda que nos lleva al caos, a una deriva sin causas justificadas.

Porque analicemos, más allá de quien es el culpable, quien sale beneficiado del ínfimo precio del aceite:

– Los olivicultores. Producen a 2.25 €/kg de media y venden a menos de 2  €/kg de aceite. Por tanto ruina absoluta. No hay que dar más explicaciones.

– Las cooperativas. Mismo razonamiento anterior porque cooperativas son agricultores.

– Los almazareros privados. Obtienen como beneficio sus maquilas, a precio ajustado. Pero la mala situación financiera de los que le llevan la aceituna hace que les exijan el pago de la mercancía de forma inmediata por lo que tienen que financiar y eso, en estos momentos, es muy difícil. Digamos que es un colectivo que no pierde pero al que su cliente, el olivicultor, le está trasladando la presión que sufre. Sin duda si hubiera márgenes para el productor, la industria transformadora estaría en mejor situación. Así pues, en principio, tampoco sacan nada de los bajos precios.

– Los envasadores y las marcas tradicionales. Reciben la presión de la distribución para ajustar cada vez más los precios finales por lo que los márgenes son peligrosamente bajos, se tienen que plegar ante el auge de la marca blanca incluso haciéndosela a la distribución. Sin duda pierden con esta situación y llevan al límite todo, incluida la calidad.

– La distribución. Merece capítulo aparte, porque aunque en principio podríamos decir que aquí está el quid de la cuestión y que la venta a pérdidas que realizan se ve remunerada por la cuota de clientes ganada por la utilización del aceite como producto gancho, debemos reflexionar más allá por si ellos no lo han hecho. Algún gran lineal de España comenzó hace un tiempo a utilizar el oliva como producto gancho, aún renunciando a sus márgenes, y puede ser que al principio recibiera esa remuneración en forma de cuota de clientes, ahora bien en este momento nos preguntamos: ¿Si todas las grandes cadenas incluyen el aceite de oliva como gancho?, como está ocurriendo ¿Qué beneficio obtienen? Y la respuesta es tajante: NINGUNO. Por tanto el único segmento que se podía ver beneficiado por esta situación, que en gran parte han creado, tampoco se beneficia.

– El consumidor. Aquí si podíamos decir que está el beneficio, es decir, se ha trasladado como hemos dicho en alguna ocasión, el margen al consumidor, un margen que por otra parte nunca pidió. Pues bien pensamos que no existe un beneficio como tal. En primer lugar porque el consumidor está dispuesto a pagar más por el aceite de oliva, de hecho en España que es donde se vende el aceite más barato no suben las ventas (fuera si). Por otro lado estos precios bajos, vinculados con el auge de la marca blanca, pensamos que están provocando inevitablemente una merma de la calidad de los zumos ofrecidos en el lineal. Sinceramente estamos seguros de que el consumidor español estaría dispuesto a pagar más por una calidad superior, y eso nos lo ratifican las encuestas que hacemos continuamente desde el observatorio de AEMO. Por tanto, sin entrar en polémicas y sin tirar piedras contra nuestro sector, digamos que el consumidor tampoco sale beneficiado de esta guerra de precios y del producto finalmente ofertado.

Así pues, como señalamos insistentemente, la situación no tiene explicación desde el punto de vista objetivo de las leyes del mercado y lo terrible de todo esto son las consecuencias que trae para los cientos de miles de olivicultores españoles que se encuentran realmente asfixiados y que se enfrentan a una nueva campaña en pérdidas.

Alguien puede pensar que pecamos de ingenuos en este razonamiento porque no hemos incluido a otro colectivo oscuro y normalmente oculto, son los especuladores, personajes que se encuentran agazapados en varios escalones de la cadena… haciendo su trabajo. Aquí cabe otra reflexión que nos hace afirmar que ni siquiera ellos son los beneficiados porque, antes o después, hemos visto caer torres grandes especulando en los últimos años y en cualquier caso todo un sector oleícola en el país lider de producción no puede estar en manos de un puñado de desalmados.

Quizás todo sea más fácil de lo que parece y simplemente se trate de analizar por qué estamos provocando esta situación de la que nadie sale beneficiado y ponerle una solución que pasa por una remuneración justa al que produce con un precio digno a un producto cada vez más reconocido. A corto plazo esta cuestión se la tiene que plantear la distribución… y  también la administración haciendo cumplir las leyes, de una vez y de forma tajante… pero sobre todo la producción negándose a vender por debajo de costes.

José Mª Penco 2013
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